
Una vez en Café Tolón, tomaba la merienda con Oscar Grillo. Mientras él tomaba su café con leche y yo apuraba nervioso mi whisky para juntar valor y mostrarle mis dibujos, la ciudad seguía. Pasó una hora, yo tenía un popeye marca grillo en una servilleta que estaba en mi bolsillo y el un Rivadavia colmado de mis garabatos, lo miraba detenidamente. En serio. Me pedí otro whisky y él un Vascolet. Sin que diga nada, empecé una suerte de excusa en la que decía que quería empezar a estudiar dibujo. "No digas pavadas, es al pedo". "¿Cómo Oscar?, no, si tengo mucho para mejorar, no sé dibujar caballos, autos, mujeres, casi no se dibujar nada." Y él dijo algo, que si me acordara bien que, sería una gran anecdota, pero no me acuerdo. Pero fue algo así como no te olvides nunca que el dibujo también es tinta sobre un papel, manchitas sobre el papel.
No fue así, pero ahora ya no me preocupo tanto por eso, y cuando quiero hacer un caballo, miro una foto un rato. O hago un perro.